Voy al ascensor.
Me veo en el espejo.
¿En verdad soy yo?
Y esto no está mal, es inevitable. Una espinilla, un barro, una cicatriz, una quemadura del Sol, un morado, las ojeras de trasnochar por la fiesta o el trabajo, la ropa que usas, tu estado de ánimo; sea una cosa o la otra, algo cambia, es distinto o simplemente ya no está.
Todo esto lo podemos notar en el espejo de un ascensor, y justamente esa es la idea. Mientras esperamos unos momentos suspendidos en un rectángulo de metal y concreto, recordando las subidas o bajadas de la vida, sea solos o con alguien más al lado, pareciera que emerge una sensación tanto incómoda como ansiosa.
Poner un espejo en el ascensor busca de alguna forma evitar esto y darnos sentido de agencia, en este caso sobre nosotros mismos, o al menos sobre nuestro reflejo.
Además de esto, el espejo logra varias cosas bien interesantes a la vez:
Distrae la atención y reduce la percepción de espera.
Da la sensación de amplitud en lugar de una de encierro.
Regula la ansiedad social al estar tan cerca de desconocidos.
Mejora la accesibilidad para personas con alguna limitación física.
Pero podemos ir un poco más allá. Hasta hace poco me enteré de que la etimología de la palabra persona proviene del latín persōna, que remite a la palabra etrusca phersu -máscara teatral o personaje- y, a la griega prósopon -rostro, cara o máscara-. Algo así como que: mínimo hay tantas máscaras como personas en el mundo.
Eso me llevó a pensar en algo de lo que seguramente has sido consciente en algún momento de tu vida:
¿Cuántos personajes has creado de ti mismo a lo largo de tu vida?
¿Cuántos personajes interpretas de ti mismo en una semana?
¿Con cuál de esos personajes te sueles sentir más cómodo?
Puede que ahora te estés sintiendo algo confusa/o, pensando en que has creado tantos personajes de ti misma/o de manera tan automática como consciente. Lo que haces, lo que piensas, lo que realmente eres o lo que dicen los otros de quien eres. Máscaras o personajes que han emergido ante lo que creíste necesario o correcto en ese momento.
Quizá lo que hiciste ayer, hoy lo evitarías sin dudarlo.
O lo que dudaste en algún momento, hoy te atreverías a hacerlo.
Es natural que esto ocurra, y está bien. La identidad no es algo fijo e inmutable, más bien es continua y transmutable; y muchos psicólogos han desarrollado varias teorías y modelos para comprenderla. Pero antes de mencionar algunas de ellas, quiero que te preguntes lo siguiente:
¿Qué hay tras las distintas máscaras que te has puesto hasta el día de hoy?
Quédate un poco ahí. Seguro tu respuesta podrá ser tan concreta como amplia. Dirás que dependerá del momento en el que te encuentres o con respecto a qué lo consideres, y tienes razón. Podríamos hablar del desarrollo de la identidad desde al menos siete ángulos:
Como construcción del individuo consigo mismo. Es decir, como una organización interna del yo: autoconciencia, coherencia, continuidad y percepción subjetiva de sí mismo.
Como proceso evolutivo y desarrollo vital. Es decir, el individuo a través del tiempo, como algo dinámico y progresivo que cambia según etapas vitales, crisis y reevaluaciones.
Como exploración y toma de decisiones. Es decir, surge de explorar alternativas, elegir, comprometerse y sostener decisiones sobre quién se quiere ser.
Como relación con los otros. Es decir, se construye mediante identificación con figuras relevantes, vínculos afectivos y relaciones interpersonales.
Como desempeño social y rol. Es decir, se define desde los papeles, expectativas y posiciones sociales que una persona ocupa o interpreta en la sociedad que integra.
Como adaptación y ajuste psicosocial. Es decir, la identidad se pone en valoración según el bienestar psicológico, autonomía, ajuste emocional y capacidad de interacción y adaptación al contexto social.
Como construcción activa y contextual. En donde la identidad no es fija ni puramente interna: emerge de la relación individuo-sociedad. De la interacción constante entre sujeto, contexto, cultura y experiencias sociales.
¿Con cuál o cuáles de las perspectivas del desarrollo de la identidad te sientes más cómodo?
O mejor,
¿En cuál sientes que tu identidad ha estado mayormente enfocada?
Puede que la respuesta no sea muy clara o incluso que resulte ser muy esclarecedora. Al final, solo espero que la información te haya hecho cuestionar aspectos importantes alrededor de ti misma/o, y que en el proyecto inacabado que todos somos, la próxima vez que veas en el espejo a la persona del ascensor, nos permitamos:
Asumir las versiones que hemos sido,
aceptar las versiones que somos hoy y,
abrazar las versiones que queremos ser.
Leíste el fragmento. ¿Con qué fractura te encontraste?
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un espacio donde la escritura y la imagen
funcionan como formas de explorar la experiencia.
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Mi identidad ha estado mayormente enfocada como construcción activa y contextual. Emerge de la relación individuo-sociedad.
Como considero que la de todos los que conozco, la sociedad nos ha ensañado a pretender antes que a pensar por nosotros mismos, nos enseñan eso mismo en la escuela, memoriza lo que queremos y pasarás el examen es la regla en la mayoría de los casos, ¿por qué molestarse en enseñar realmente un tema hasta comprenderlo si podemos solo memorizar cinco más?
Gracias por el escrito, me gustó mucho saber de dónde procede la palabra persona.
Cuando yo hablo en otra lengua, me siento otra persona: mis gestos, mi tono y timbre de voz cambian y me encanta sentirme otra persona. Cada personaje que yo he sido a través de mi vida lo he disfrutado o sufrido, y al fin y al cabo agradezco a la vida por haberme dado la posibilidad de vivir varias vidas en distintos personajes.
Y ni digamos cuando se lee literatura...