Entro al lugar.
Todos se miran sin más.
—Hola, ¿cómo vas?
Seguro a todos nos ha pasado: llegamos a un evento porque nos interesa el tema, pero no necesariamente sus asistentes.
No lo digo en mala tónica; a veces nos llama más el lugar, el tema, el escenario.
La persona que va al concierto de su grupo favorito, la que va al bar a bailar en el ambiente que le gusta, la que va a un evento de literatura porque quiere escuchar al autor o conocer qué opinan otros sobre su libro.
Pensé en este tipo de personas al hacer este haiku.
Qué pasaría si existiera una señalización que dijera:
En atención plena. No molestar.
No sé si sería un buen producto, pero valdría la pena probarlo. A lo mejor nos evitaría contactos, tensiones y modismos tan innecesarios como incómodos.
¿Cuántas miradas y saludos sin respuesta real vamos dejando por la vida?
Esos que todos saben que ocurren, pero que intentan ocultar porque la cordialidad parece más importante. Saludos o preguntas que solo buscan llenar el vacío social creado por inercia.
¿Lo probarías? Te leo.
Leíste el fragmento. ¿Con qué fractura te encontraste?
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un espacio donde la escritura y la imagen
funcionan como formas de explorar la experiencia.
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