Años pasaron.
Vidas que moldeaste.
Nadie al aldo…
Me tomó un buen tiempo empezar este escrito. Tenía listo el haiku, la imagen y vagas ideas de lo que quería plasmar, pero por alguna razón lo posponía. Terminaba reflexionando sobre la reflexión de no poder escribir sobre esto, aún cuando creo conocer muy bien esas tres líneas del haiku. Tal vez lo procrastinaba porque justo ahí me encontré con la Fisura. Pienso en eso mientras por fin me decido a escribir en una tarde de lunes festivo lluviosa, sentado en el sofá, con el portátil en las piernas con algo de música de fondo.
Debo decir que la noche anterior no dormí mucho. La semana pasada fueron días movidos cuidando un cachorrito, entrenándolo y viéndolo crecer y aprender en apenas una semana. Luego de que lo recogieron, a la mañana del siguiente día organicé todo el apartamento, en la tarde me vi con una amiga, tomamos vino, y así transcurrió el resto del día, hasta que, en la noche abrí la puerta del apartamento, entré, la cerré, caminé a la sala de estar y prendí la luz. Todo estaba limpio, ordenado, procedí a sentarme y me quedé un momento en silencio. Había vuelto a quedarme solo y el Merlot había hecho su efecto impidiendo que pudiera conciliar el sueño.
Este ha sido un día diferente. Decidí levantarme a las 5:30 am con la idea de por fin, ya con tiempo y silencio: escribir. Prendí el tv, puse algo de música, leí, me preparé un té, revisé algunos correos, creé el borrador de este texto, pero seguía apareciendo un bloqueo. Han pasado 12 horas y fui consciente de que justamente lo que me estaba ocurriendo estaba totalmente relacionado con las tres líneas del haiku que habré escrito hace ya más de un mes. Resulta que no era una sensación aislada, sino una ya vieja conocida con quien he convivido en varios momentos y últimamente comparto mucho.
¿En qué situación o momentos de la vida te has sentido en completa soledad?
Te propongo aquí un listado que puede ayudar a identificar una o varias de estas situaciones:
Padres, abuelos o cuidadores con poco o nulo relacionamiento en momentos importantes.
Hermanos/as ausentes o con poco relacionamiento en momentos importantes.
Tíos/as ausentes o con poco relacionamiento en momentos importantes.
Amigos/as ausentes o con poco relacionamiento en momentos importantes.
Parejas con nulo o poco acompañamiento en momentos importantes.
Compañeros/as del trabajo con nulo o poco acompañamiento en momentos importantes.
Otros a los que dedicaste tiempo y no lo valoraron como lo esperabas.
Todas comparten algo, ¿no? la ausencia de otros por x o y razón:
La imposibilidad de estar presente por otros compromisos en un momento en que contabas con ello.
El fallecimiento de alguien a quien estimabas demasiado y esperabas compartir más con esa persona.
Distanciamientos o discusiones por diferencias en algún momento dado.
La ausencia de la otra persona pese a tenerla frente a ti, pero sentir que no te comprende como quisieras.
Resulta curioso la manera en cómo el ser humano concibe la presencia y ausencia con la compañía y la soledad. Y aquí me parece que vale la pena considerar dos preguntas:
¿Podemos sentir la ausencia del otro aún en su compañía?,
al igual que,
¿Podemos sentir la presencia del otro aún en su ausencia?
Sé que pueden parecer preguntas a primera vista contradictorias, pero a lo mejor si lo piensas un poco más, puede que encuentres un ejemplo para cada una:
La pareja que desde hace semanas discute, siguen durmiendo juntos y pese a ello, parecen desconocerse.
El ser querido que no puede estar contigo físicamente, pero por cómo es él, lo que han vivido y lo que te ha dicho, lo tienes más presente que muchas otras personas.
Si lo vemos detenidamente, es como si la idea o lo que significa la presencia o la ausencia no se definiera como 1 o 0, sino como los fragmentos/retazos/vestigios de lo que han sido y son las interacciones que hemos construido con los demás a lo largo de nuestra vida. Si lo vemos de esta manera, la identificación de la soledad o de lo que hacemos cuando nos quedamos solos -como en mi caso anoche al sentir el silencio absoluto de un espacio-, se valora con relación a lo que ha sido y son las interacciones que hemos construido con los demás a lo largo de nuestra vida. La valoración actual de esas interacciones, junto con otra serie de factores, habilitarán o inhabilitarán, ideas, pensamientos, recuerdos, acciones, comportamientos e incluso hábitos y rituales.
Es probablemente aquí donde surge la sensación de soledad y,
de lo que haremos con ella cuando no tenemos a nadie al lado.
Puede que ahora estés pensando no únicamente en los momentos de soledad, sino hasta qué punto se relacionan con los vínculos que has establecido, y cómo esto incide con lo que decides hacer cuando estás solo. Tal vez no encuentres una respuesta inmediata y está bien. Este tipo de procesos y reflexiones no deben ser forzadas. Deben emerger en un proceso de exploración consciente y en algunos casos guiado. Algo que puede ayudar a esto es considerar qué es lo que ha quedado de las personas que has conocido a lo largo de la vida, y que no necesariamente son aprendizajes:
¿Cuál es la palabra, frase, situación, palabra no dicha o acción no realizada que recuerdas como algo que te afectó y frente a lo cual terminaste ajustando o cambiando tu comportamiento?
Ahora, considera hoy en día cómo la persona que eres se ha visto afectada por esto. No sólo en cómo eres tú, sino en cómo te relacionas con los demás e incluso cómo prefieres guiar o no a otros. Piensa un poco en esto y ahora veámoslo desde otro ángulo:
Los maestros/as no son los únicos de los que hemos recibido enseñanzas en nuestra vida. Si eres hermano/a, amigo/a, novio/a, esposo/a, padre, madre, tío/a, abuelo/a seguro hay algo que conscientemente, o no, has enseñado a alguien. Si lo vemos así, la forma en que actuamos frente a los demás, con relación al rol que tenemos, influye enormemente tanto en otros como en nosotros mismos (en la Fisura #4 – Identidad hablamos sobre esto). Pero cuando estamos solos ocurre algo:
En la soledad también construimos parte de nuestra identidad
Y es en este punto en donde confluye todo lo que hemos hablado hasta ahora: las relaciones con los demás, lo que ha resultado de esas interacciones, los momentos en que has estado presente o ausente en la vida de otros y contigo mismo. Con todo esto ya identificado:
¿Qué has hecho o no en esos períodos cuando en el espacio en el que te encuentras solo estás tú?
Es aquí donde probablemente aparezcan los fragmentos/retazos/vestigios de lo que han sido tus experiencias con otros, y aquí quizá vale la pena que te preguntes:
¿Cómo te sientes cuando aparecen?
¿Hay sentimientos o emociones de gratificación, satisfacción o bienestar?
o, por el contrario
¿Surgen sensaciones de incompletitud, insatisfacción, vacío o reproche con lo que esperabas de otros o de ti mismo/a?
Sea una cosa o la otra, es en esos momentos, en donde debemos decidir la manera en que queremos habitar nuestra soledad reconociendo:
todas las formas en que dejamos parte de nosotros en otros,
mientras intentamos entender qué queda de ellos en nosotros.
Leíste el fragmento. ¿Con qué fractura te encontraste?
Si llegaste hasta aquí y quieres seguir leyendo, puedes continuar con:
Este texto hace parte de Átomos Visibles,
un espacio donde la escritura y la imagen
funcionan como formas de explorar la experiencia.
Te invito a conocer más de Fisuras Visibles y del resto del proyecto.





